
Solo los que vivimos en Mallorca sabemos lo que es sentir la brisa de la noche en un patio de la ciudad. El verde, el agua, las velas y una buena compañía convierten una velada en un momento mágico.



Ese momento volvió a repetirse el sábado por la noche en casa de Juan y de Juana, dos estupendos anfitriones. Desde aquí queremos agradecerles la inolvidable cena que nos ofrecieron y que esperamos poder repetir en breve

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